jueves, 17 de julio de 2014

CONTAR



Contar es un proceso de abstracción que nos lleva a otorgar un número cardinal como representativo de un conjunto. Gelman y Gallistel fueron los primeros en enunciar en 1978 los cinco principios que, a modo de estadios, ha de ir descubriendo y asimilando el niño hasta que aprende a contar correctamente.
Principios del conteo
Contar es un proceso aritmético concreta ya sea una suma, una resta, etcétera repetidamente. El conteo es una de las habilidades numéricas más tempranas en el desarrollo infantil.
Sin embargo, no es fácil determinar cómo lo adquiere el niño, en los inicios de estas habilidades se fundan en una comprensión mecánica o en un aprendizaje memorístico carente de sentido.
Principio de correspondencia uno a uno o correspondencia biunívoca
. Trae consigo la coordinación de dos subprocesos: la partición y la etiquetación.
. La partición consiste en otorgar la categoría de contado o no contado formando dos grupos entre el conjunto de objetos que se quieren contar. Esto se realiza generalmente señalando el objeto, agrupándolo a un lado o bien a través de la memoria visual.
. La etiquetación es el proceso por el que el niño asigna un cardinal a cada elemento del conjunto, que se rige además por el conjunto de orden estable.
Los niños asignan un número a cada objeto desde los dos años, sin embargo, cuando no dominan esta habilidad pueden equivocarse, por ejemplo, dejando sin contar algún objeto o, por el contrario, contando otros varias veces.
Principio de orden estable
La secuencia de números a utilizar ha de ser estable y estar formada por etiquetas únicas, y poder repetirse en cualquier momento para facilitar su aprendizaje a los niños. De este modo, niños de muy corta edad son capaces de detectar muy fácilmente cuándo se produce una asignación completamente aleatoria en el conteo (i.e.: 2, 5, 3, 9, 24...), aunque les cuesta mayor dificultad si esta secuencia respeta un orden de menor a mayor (1, 2, 5, 6, 9, 10...). De este modo cuanto más se aleja la secuencia del orden convencional más fácil resulta detectar el error. Este principio se consigue en torno a los tres ó cuatro años. En edades anteriores, cuando los niños cuentan, asignan los número arbitrariamente o empiezan a contar por cualquier número (5, 8, 2...).
Se debe seguir una secuencia para contar de manera que se llegue a un límite propuesto.
Principio de cardinalidad
Se refiere a la adquisición de la noción por la que el último númeral del conteo es representativo del conjunto, por ser cardinal del mismo. Según Gelman y Gallistel podemos decir que este principio se ha adquirido cuando observamos:
1. que el niño repite el último elemento de la secuencia de conteo,
2. que pone un énfasis especial en el mismo o
3. que lo repite una vez ha finalizado la secuencia.
Según estos autores, el niño logra la cardinalidad en torno a los dos años y siete meses y también, según ellos, para lograr la cardinalidad es necesario haber adquirido previamente los principios de correspondencia uno a uno y orden estable. Sin embargo, otros autores como Fuson ven la adquisición de la cardinalidad como un proceso más gradual, en el que existe un estadio intermedio denominado cuotidad, en el que el niño es capaz de responder a la pregunta de ¿cuántos elementos hay en...? pero no formulada de otra manera, como sería plantearle equivalencias entre conjuntos, por lo que para ellos este principio estaría completamente logrado en torno a los cinco años de edad.
Principio de abstracción
Este principio determina que los principios de orden estable, correspondencia uno-a-uno y cardinalidad puedan ser aplicados a cualquier conjunto de unidades, sea cual fuere el grado de heterogeneidad de sus elementos. Según este principio, el conteo puede ser aplicado a cualquier clase de objetos reales e imaginarios. De este modo, los cambios de color u otros atributos físicos de los objetos no deben redundar en los juicios cuantitativos de las personas en este caso niños que, habiendo logrado esta noción, los contarán como cosas. Este principio lo adquirirá el niño en torno a los tres años.
Principio de irrelevancia en el orden
Se refiere a que el niño advierta que el orden del conteo es irrelevante para el resultado final. El niño que ha adquirido este principio sabe que:
1. el elemento contado es un objeto de la realidad, y no un 1 o un 2;
2. que las etiquetas son asignadas al contar de un modo arbitrario y temporal a los elementos contados;
3. que se consigue el mismo cardinal con independencia del orden de conteo de los elementos seguido.
Investigaciones posteriores al enunciado de este último principio han demostrado que, para que el niño haya adquirido este concepto, debe ser capaz de contar elementos aleatoriamente, realizando saltos sobre el conjunto a contar, lo que sucedería en torno a los cuatro años.
Estos principios deberían fomentarse en la etapa infantil, puesto que son la base imprescindible para entender las operaciones matemáticas y el valor posicional de las cifras. La mayoría de los niños los adquiere, de manera no formal, en los medios en los que se desenvuelve. Si el niño no los ha adquirido antes de los seis años necesitará ayuda especializada.
En una etapa posterior, si en el sujeto se presentasen dificultades en la adquisición del conteo o la numeración.
Principio de unicidad. Como una función de contar es asignar valores cardinales a conjuntos para diferenciarlos o compararlos, es importante que los niños no sólo generen una secuencia estable y asignen una etiqueta, y sólo una, a cada elemento de un conjunto, sino también que empleen una secuencia de etiquetas distintas o únicas. Por ejemplo, un niño puede usar la secuencia “1, 2, 3, 3” de manera sistemática y emplear estas etiquetas en una correspondencia biunívoca, pero como no todos sus elementos están diferenciados, etiquetará de la misma manera conjuntos de tres y cuatro elementos (con la designación cardinal “3”) (Baroody y Price, 1983). Incluso cuando un niño tiene que recurrir al empleo de términos no convencionales, la apreciación del principio de unicidad (comprender la función diferenciadora de contar) le impediría escoger términos empleados previamente. Por ejemplo, el empleo sistemático de la secuencia no convencional “1, 2, 3, diecionce” etiquetaría erróneamente conjuntos de cuatro elementos pero al menos los diferenciaría de conjuntos con menos elementos. Por tanto, además de los principios de orden estable y de correspondencia, es importante que los niños sigan el principio de unicidad. ((Baroody, Arthur J. (1997))).

sábado, 12 de julio de 2014

¿CUÁNDO HAY QUE CONSULTAR A UNA PSICOPEDAGOGA?


..donde otros vieron tragedia, yo decidí ver esperanzas...
Durante el crecimiento de los hijos, los padres muchas veces se preguntan cuándo es el momento indicado para consultar a un profesional. ¿Cuándo hay que consultar a una psicopedagoga?

Sugiero tener en cuenta siempre: sea la docente, o quien sugiere o deriva al infante, no lo hace porque está en contra de su hijo/a, o porque no le simpatiza o se "agarró" con el niño/a, quien lo hace es porque conoce y previamente a probado o aplicado técnicas, actividades, materiales, ubicación en el aula o sala y con la única intención de que su hijo/a al cance los logros y objetivos escolares acordes a su edad.
De allí parte la sugerencia de visitar un o una profesional psicopedagógica, para evitar futuras anomalías, alteraciones, perturbaciones o dificultades manifiestas en el aprendizaje, que al ser tratadas tempranamente evitan futuros elementos que en conjunto hagan más complejo algo que es sencillo en el presente e impacta en menor medida en la personalidad del niño.
Y no tiene nada que ver con que su hijo/a sea o no inteligente, he oído padres preocupadísimos casi intentando convencer al docente que su hijo es inteligente, que no tiene problemas de aprendizaje y no ven necesario que asista a psicopedagoga, que porqué se lo deriva, etcétera, etcétera, etcétera; como si fuera a tratarse de una enfermedad terminal sin vueltas cuando solo se busca siempre el bien del niño ahora y lo que necesita el niño ahora para explotar todas sus potencialidades y destrezas manifiestas en su ser.
Yo les recuerdo a las mamás y a los papás que ustedes son quienes tienen la patria potestad de sus hijos, pero les recuerdo que su hijo/a tiene derechos y que tener esa patria potestad supone una manifestación de la función tutelar a favor de sus hijos/as y no en interés del titular.

Durante el crecimiento de los hijos, los padres muchas veces se preguntan cuándo es el momento indicado para consultar a un profesional, Y si a veces dudan si es necesario o no llevarlo al pediatra, es  lógico que la duda sea aún mayor cuando se trata de consultar a una psicopedagoga, por ser una profesión cuyo campo de acción es mucho menos conocido.
Por eso es importante explicar  a qué se dedica la psicopedagogía, que es esencialmente interdisciplinaria porque la mirada “psico”-“pedagógica” reúne dos aspectos de las personas: el psicológico y el educacional, de modo que el psicopedagogo entra en escena cuando se trata de trabajar con una persona –o un grupo de personas- que se encuentran en situación de aprendizaje.

Por lo general la consulta con una psicopedagoga es promovida desde la escuela y de hecho muchas instituciones cuentan con su propio equipo psicopedagógico que, en ocasiones, tiene los primeros encuentros con el niño y puede sugerir la intervención de un profesional que no pertenezca a la escuela.
Los causas más comunes por las que se sugiere realizar un diagnóstico psicopedagógico son el bajo rendimiento escolar, la dificultad para acceder a la escritura, la lectura o el cálculo, la falta de atención en clase y el desinterés por el aprendizaje, entre otros motivos.
Claro que también la dificultad puede verse desde casa: cuando los chicos no quieren ir a la escuela, cuando están desmotivados, se niegan a hacer la tarea o tienen problemas a la hora de estudiar.
Cuando los padres observan alguna dificultad y dudan acerca de la necesidad de recurrir a un psicopedagogo, es importante que, si la duda todavía no se planteó con la escuela, se pida una entrevista para compartir la visión con los maestros, que pueden aportar un panorama más amplio para analizar la situación y decidir la consulta.
Por último, hay que tener claro que al psicopedagogo no se recurre solamente para ayudar a los más chiquitos: el ingreso al colegio secundario, con las nuevas exigencias, la orientación vocacional y la adaptación a la universidad son momentos en los que una mirada psicopedagógica puede hacer un aporte significativo.

En esta entrada se aplica la palabra niño, niña, alumno, alumna, mamá, papá debido a una nueva disposición de aquello que refleja la infancia actual, que considera la visión de la pluralidad, de allí la necesidad de referirse siempre a los niños y a las niñas.

sábado, 7 de junio de 2014

¿Qué significan los garabatos de los chicos?

A muy temprana edad, los niños comienzan a expresarse mediante sus dibujos. Conocé el simbolismo de los primeros trazos, qué significan los colores y los espacios de la hoja que utiliza.

  • por  Marcela Milesi


    Los garabatos infantiles son la primera actividad gráfica, que abarca desde los 18 meses hasta los 3 años de edad aproximadamente. Mediante su análisis se pueden observar si la psicomotricidad, la personalidad en evolución y la relación con su entorno, así como si hay algo que el nene esté interpretando como conflictivo o no.
    Es importante tener en cuenta que lo que se observa sobre sus aspectos emocionales, parten del mundo interpretativo del pequeño. ¿Qué significa esto? En muchas oportunidades pasa que quizás el niño perciba que existe un conflicto, mientras el adulto no lo interpreta así. Esto sucede por el simple hecho que el mundo interpretativo del niño es personal y único, tal como lo seguirá siendo a lo largo de su vida. Somos seres únicos e irrepetibles, lo que hace que tengamos nuestra manera personal y particular de sentir, percibir y relacionarnos con el mundo emocional.

    ¿Qué es considerado “garabato”?
    El garabato es el dibujo que nace en forma espontánea. Es decir, cuando al niño se le dan hojas y fibras y se lo deja que sea él quien cree, sin condicionar. Es habitual que los niños utilicen varias hojas, que las roten y que hagan comentarios sobre lo que están haciendo. Cuando se realiza el análisis de este tipo de dibujos, se toma en consideración todo el contexto, desde qué hace con sus hojas, qué colores elige y los comentarios que hace durante su actividad y al finalizarla.
    El niño comienza a dibujar entre los 16 ó 18 meses. Es en esta etapa de su vida donde comienza a descubrir que existe la relación causa - efecto. Esto se da cuando ve las marcas producidas en el papel. Este encuentro fortuito le causa mucho placer, ya que es una realidad desprendida de él y trata de reproducirlo, siendo todo un desafío el sostener el lápiz. Primero comienza con el punteado o golpeteo, los trazos son cortos, oscilantes, sin precisión e incoordinados. En esta etapa, el niño no tiene sentido del espacio, es por eso que habitualmente desbordan la hoja y, para realizar el punteo, mantienen su muñeca rígida, solo flexionando el antebrazo.


    El garabato propiamente dicho surge a partir de los 2 años, cuando el niño comienza a tener mayor control motriz. Esto le facilita tener una mayor proyección: los trazos son más largos, primero inician con rayas horizontales, luego verticales, hasta que finalmente comienzan con los círculos.



    A partir de los 3 (tres) años comienzan los garabatos representativos: habitualmente el niño comenta las figuras mientras las hace. El simbolismo del dibujo puede ir cambiando con el transcurso del tiempo, es decir, al principio el niño puede indicar que el círculo es el sol y luego la cara de su mamá. Esto significa que existe una intensión previa y los trazos son solo reconocibles por el niño.

    ¿Qué aspectos se analizan?
    La forma del garabato pone de manifiesto el nivel de adaptabilidad, la afectividad y sociabilidad del niño. Cuanto más curvo será mayor su capacidad de adaptación: será un niño que expresará su mundo emocional y que se manifieste más sociable. Si este dibujo, a su vez, tiene una presión muy débil, nos habla de un niño que es más sensible a su entorno, por lo tanto, será más influenciable. Cuando es más anguloso es un chico que tenderá a ensimismarse, más independiente y con firmeza de carácter. También suelen ser chicos más inquietos. Si encontramos rasgos curvos o angulosos ponen de manifiesto que se adaptará en función de su interés.
    El largo de los trazos nos habla de la capacidad de concentración, es decir, si será un niño que tenderá a mantener una misma actividad o necesita constantemente cambiar. Cuanto más largo es el trazo, será un niño que se vincule con una actividad por más tiempo y, cuanto más corto será más inquieto.
    La presión simboliza la energía: a mayor presión es más la energía vital que manifiesta. Cuando es tan fuerte que traspasa la hoja puede estar manifestando cierto nivel de tensión, en tanto y en cuanto, también existan trazos angulosos y desbordes en la hoja.
    El tipo de trazo nos habla del nivel de la confianza que ese niño está desarrollando. Cuando el trazo es firme, habla de mayor seguridad, confianza e iniciativa. Un trazo oscilante marca temor, falta de confianza y de seguridad.
    La dimensión pone de manifiesto cómo se vincula ese niño con el medio y su necesidad de expansión (sociabilización); cuando es grande, marca necesidad de movimiento y refuerza la autoconfianza, si traspasa los límites de la hoja puede estar manifestando falta de límites y tendencia a ser invasivo. Cuando los dibujos son pequeños nos hablan de la tendencia a ensimismarse, ya sea por inseguridad o por inhibición.
    ¿Que parte de la hoja selecciona?
    Para el análisis, se divide la hoja en cuatro partes iguales. Cada una tiene su explicación:
    * Sinistrogiro superior: Pasividad, reserva, predominio de la razón, cautela, comienzo de la separación de la madre, actitud expectante, observadora. Búsqueda de la independencia.
    * Destrogiro superior: Energía, actividad, optimismo, dinamismo, necesidad de contacto con el medio al cual le brinda seguridad.
    * Sinistrogiro inferior: Pasividad, temor, dependencia de la figura materna, necesidad de seguridad de contención.
    * Destrógiro inferior: Tendencia a ir hacia el medio, pero le falta fuerza y vitalidad, puede ser por cansancio, enfermedad, desánimo o disminución de la energía.

    ¿Qué colores utiliza? (siempre y cuando se le hayan facilitado todos)
    * Azul: Se relaciona con la noche, la pasividad, la calma, la serenidad, la sensibilidad y la ternura.
    * Amarillo: Se relaciona con el sol, el día, la actividad, la expansión, la espontaneidad, el regocijo, la alegría y la relación.
    * Rojo: Se relaciona con la sangre, el fuego. Es excitador, estimulador. Tiene relación con la fuerza de voluntad, actividad, competitividad. Puede interpretarse como agresividad (corroborado con otros ítems).
    * Verde: Relacionado con la autoestima, la auto-conservación, la autoafirmación, con el Yo. Se relaciona con una actitud defensiva, la resistencia, persistencia, y con la necesidad de reconocimiento.
    * Marrón: Simboliza las heces, como producción personal, como algo interno. Representa lo sensitivo a nivel físico. Búsqueda de seguridad ambiental, de bienestar físico.
    * Negro: Negación de la actividad, la oscuridad, la nada. Relacionado con el abandono, la renunciación, la extinción.
    * Violeta: Relacionado con lo místico, las soluciones mágicas. Inmadurez afectiva.

    Por Marcela Milesi, licenciada en Recursos Humanos (USAL), Coach Ontológico certificado (ICP) y Grafóloga (Colegio de grafólogos de Bs. As).

jueves, 1 de mayo de 2014

La alfabetización familiar. “Puentes” entre el jardín de infantes y los hogares de los niños.

¿Cómo colaborar con las familias desde el jardín de infantes para promover el desarrollo de la alfabetización en los niños? 
El programa de alfabetización familiar no reemplaza al jardín de infantes. Intenta garantizar experiencias que no deberían faltar en la vida de un niño: leer cuentos, decir adivinanzas, recitar versos y poesías, jugar con letras, escribir las primeras palabras con los propios padres, hermanos y otras personas cercanas y queridas.  
¿Cómo abordar con las familias los distintos temas?
Algunas sugerencias
1. La lectura de cuentos a niños pequeños
 Se pueden compartir las siguientes recomendaciones para las familias:
Antes de leerles el cuento a los niños…
  • Leer el cuento antes de hacerlo con los niños. Dado que no es común que se lea en voz alta, es necesario practicar para leer con claridad y con entonación. La lectura previa del cuento también sirve para identificar las palabras que los niños pueden desconocer y pensar cómo explicárselas.
  • Antes de comenzar la lectura, resulta conveniente presentar el cuento a los niños a partir del título, los dibujos y los personajes que intervienen. También se puede conversar acerca de lo que los niños saben del tema del cuento, recordando experiencias previas, en tanto ello facilita que sigan la lectura y promueve la comprensión del cuento.
Durante la lectura…
  • Leer de modo pausado, mostrar las ilustraciones y cambiar el tono de voz para identificar a cada uno de los personajes. El coordinador del taller puede ejemplificar esta idea con el cuento tradicional “Caperucita Roja” usando un tono de voz grave cuando habla el lobo y uno agudo cuando habla Caperucita.
  • Permitir que los niños formulen preguntas o realicen comentarios acerca del cuento durante la lectura: las preguntas de los niños indican que van siguiendo la historia y permiten saber si hay algún aspecto que no comprenden. Asimismo, es importante que durante la lectura, los adultos y los niños mayores formulen preguntas a los niños acerca de los sentimientos y motivaciones de los personajes o acerca de por qué pasó algo.
  • Para facilitar la comprensión de la historia, es importante explicar el significado de las palabras desconocidas o poco familiares para los niños.      
Después de la lectura…
  • Se puede volver a narrar el cuento junto con los niños. Para colaborar con el niño en la renarración, el adulto puede formular preguntas tales como: ¿Cómo empieza la historia? ¿Qué pasó después? ¿Por qué? El niño puede responder apoyándose en los dibujos y en su recuerdo.
  • Es conveniente leerles varias veces el cuento a los niños. Ello permite que comprendan mejor la historia, que aprendan nuevas palabras y que escuchen textos bien escritos y complejos.

La escritura del nombre propio

Para comenzar, se puede conversar con las familias acerca de por qué es importante ayudar a los niños a escribir su nombre:
  • Porque se trata de una palabra que, al ser tan importante para cada persona, permite entender que lo que está escrito tiene significado y se puede leer, que las palabras escritas “dicen” algo. Además, ayuda a que los niños identifiquen, “escuchen” el sonido con el que comienza y termina el nombre. Este es un paso muy importante para aprender a leer y escribir.
  • Porque los niños pueden escribirlo de memoria rápidamente.
  • Porque les permite a los niños empezar a aprender las letras.
  • Porque una vez que aprenden a escribir su nombre, pueden usarlo como un modelo para comparar con otras palabras: los niños empiezan a relacionar la sílaba inicial o la letra inicial de su nombre con la de otras palabras y, a partir de allí, pueden comenzar a escribirlas. Por ejemplo, un niño que se llame “Matías” podrá usar su nombre como modelo para escribir “mano” (sílaba inicial) o “muñeca” (sonido inicial).
pensar qué pueden hacer las familias en sus hogares para que los niños aprendan a escribir su nombre:
  • Hacer una tarjeta con el nombre para que los niños la tengan y la usen de modelo para copiar cuando quieren escribirlo.
  • Escribir el nombre de los niños frente a ellos en todas las situaciones en las que sea posible, por ejemplo, en los dibujos que hacen los nenes, en sus juguetes o poner nombre a una caja en la que los niños pueden libros y materiales para escribir. De este modo, los niños pueden empezar a entender la utilidad de la escritura, en el caso de estos ejemplos, para señalar que los objetos a  los que les pusieron nombre les pertenecen.
  • Una variante de las actividades anteriores es hacerles a los niños un prendedor de cartulina, una vincha o un gorro y escribir el nombre allí. Si es necesario se puede guiar la mano del niño para ayudarlo a trazar. También se puede realizar un cartel lindo con el nombre y pegarlo donde los niños quieran.
  • Otra actividad consiste en que los adultos pronuncien el nombre del niño a medida que lo escriben ya que las letras representan lo que decimos, los sonidos. Por ejemplo, si se llama “Ana”, irá pronunciando los “sonidos” de las letras a medida que lo va escribiendo: “aaaa-nnnnn-aaaa”. 
 Juegos con palabras que suenan igual (primera parte)
Se sugiere conversar con las familias acerca de por qué es importante realizar juegos con los sonidos de las palabras junto con los niños:
  • Habitualmente usamos el lenguaje y no pensamos en cómo “decimos”, en cómo suenan las palabras sino que simplemente utilizamos el lenguaje para decir cosas. Cuando los niños escuchan una palabra, por ejemplo, perro, no piensan en cómo se dice, en los sonidos que la componen, sino en lo que quiere decir, en un perro en particular, en el objeto perro. Sin embargo, lo que escribimos es lo que decimos: las letras representan los sonidos que pronunciamos. Para aprender a leer y escribir los niños tienen que darse cuenta de que las palabras están formadas por sonidos y que las letras que escribimos, representan esos sonidos.
  • Cuando los niños pequeños están aprendiendo a escribir y a leer es necesario ayudarlos a que piensen acerca de las palabras que usan: cómo suenan, cómo se dicen, ya que eso les permite realizar aprendizajes fundamentales. Cuanto antes entiendan que las letras son, representan, los sonidos que pronunciamos, más rápido pueden aprender a leer y a escribir y menos dificultades van a tener.
Luego, se puede pensar junto con los presentes acerca de qué pueden hacer en sus casas para ayudar a los niños a aprender:
  • Pensar palabras que rimen (suenan igual) con el nombre propio. Por ejemplo, el nombre “Federico” rima con “perico”, el nombre “Alan” rima con “aman” o el nombre “Carolina”, con “vecina”.
  • Una variante es pensar palabras que empiezan igual que el nombre propio o palabras que comiencen igual entre sí. Por ejemplo: “Federico” empieza como “feliz”, “Alan” comienza como “Avión” y “Carolina” como “cama”.
  • Otra actividad que pueden hacer las familias es leer rimas o inventarlas con otras palabras. También se puede leer versitos, trabalenguas, adivinanzas y poesías muchas veces.
Cantar canciones sencillas con rima y enseñárselas a los niños suele ser muy atractivo para ellos. Por ejemplo, “El payaso Plin, plin/ se pinchó la nariz/ y con estornudo/ dijo fuerte achttiis” o “Que llueva, que llueva / la vieja está en la cueva / los pajaritos cantan / la vieja se levanta / que sí, que no / que caiga un chaparrón”. 

qué se puede hacer en casa para ayudar a los niños a aprender nuevas palabras:
  • Conversar con los niños, responder a sus preguntas, formularles preguntas, escucharlos y ayudarlos a que sean precisos cuando hablan. Si ellos dicen “bicho” al ver una hormiga, les podemos decir “sí, un bicho, una hormiga”.
  • También, a partir de alguna situación cotidiana, contarles anécdotas y aprovechar todas las ocasiones para introducir palabras nuevas. Además, se pueden utilizar los cuentos y la televisión para aprender palabras que se refieren a mundos distintos, alejados de la vida cotidiana de los niños (dinosaurios, dragones, castillos, naves espaciales, etc.).
  • También es útil mostrarles cómo se usa una palabra en distintas situaciones. Por ejemplo, “hormiga” puede usarse para designar el bicho o para referirse a algo pequeño. De esta manera los niños la aprenden al verla en uso. Y cada vez que aparezca una palabra nueva en un cuento, explicársela.
  • Finalmente, hay que incentivarlos a emplear las palabras nuevas que van aprendiendo, ayudar a los chicos a que ellos las usen.

Comparto el siguiente link para empezar a armar nuestro propio crea palabras con LETRA MAYÚSCULA IMPRENTA PARA NIVEL INICIAL 5 AÑOS.
sugerencias para ayudar a los niños a producir narraciones:
  • Completar frases que los chicos dejan en suspenso.
  • Ordenar el relato.
  • Preguntar lo que no se entiende, la información que no se dice, que se da por conocida (aclarar cuando se usa “coso, allá, esta, esa, eso”).
  • Repetir la intervención del chico ordenándola.
  • Repetir lo que dice el niño para que luego avance en el relato.
  • Contar cuentos y experiencias personales propias de manera completa y clara para ofrecer un modelo.
  • Cuidar que aparezcan todos los elementos de un relato completo: comenzar con un resumen de lo que pasó, quiénes intervinieron, dónde ocurrió, cuándo, qué fue lo que sucedió y cómo terminó.
es importante que el adulto que interactúa con los niños preste atención a dos cuestiones: la actividad que realice con el niño no tiene que ser muy difícil ya que estaría fuera del alcance de los niños, pero tampoco demasiado fácil porque no sería un desafío y no ayudaría al desarrollo del pequeño. La persona que comparta la actividad con los niños tiene que “medir” cuánta ayuda necesita el niño en la tarea que está haciendo.
En sus hogares, los niños tienen muchas oportunidades de participar con sus padres, abuelos, hermanos mayores, en las distintas actividades.
No alcanza con que el niño vea carteles en las calles, inscripciones en los productos, avisos por televisión para que aprenda a leer y escribir: los niños aprenden siempre que haya un adulto o un niño mayor alfabetizado que les señale y explique conocimientos sobre la lectura y la escritura.

¿Qué cosas se pueden hacer en las casas para ayudar a los niños?
  • Leerles a los chicos en todas las situaciones posibles: carteles en la calle, diarios, revistas, etiquetas de ropa, etc.
  • Escribir junto a los niños diciéndoles qué están escribiendo y para qué lo hacen. Así, los chicos empiezan a prestar atención a los textos escritos porque saben que “dicen algo”.
  • Leer en voz alta señalando con el dedo las letras a medida que avanza el texto.
  • Invitar a los niños a que lean ellos después del adulto haciendo “eco”, repitiendo lo que el adulto leyó.
  • Pedirles a los niños que señalen algunas palabras en el cuento. Se puede empezar con alguna palabra que se repita mucho en el cuento y cada vez que aparezca esa palabra preguntarles “¿qué dice acá?”.
Otros juegos con los sonidos de las palabras
  • Usamos el lenguaje y no pensamos en cómo decimos, en cómo suenan las palabras sino que simplemente utilizamos el lenguaje para decir cosas. Cuando los niños escuchan una palabra, por ejemplo, perro, no piensan en cómo se dice, en los sonidos que la componen sino en lo que quiere decir, en el objeto perro.
  • Lo que escribimos es lo que decimos. Las letras representan los sonidos que decimos. Para aprender a leer y escribir los niños tienen que darse cuenta de que las palabras están formadas por sonidos y que aquello que escribimos, cada letra, son esos sonidos. Por ejemplo, si quiero escribir mamá, tengo que pensar en los sonidos que forman la palabra y las letras que corresponden a cada sonido.
  • Cuando los niños chiquitos están aprendiendo a escribir y a leer hay que ayudarlos para que piensen sobre las palabras que usan: cómo suenan, cómo se dicen, ya que eso les permite realizar aprendizajes fundamentales.
  • Cuanto antes entiendan que las letras son los sonidos que pronunciamos, más rápido pueden aprender a leer y escribir y menos dificultades se les van a presentar.
actividades que pueden facilitar el reconocimiento de los sonidos de las palabras por parte de los niños:
  • Rimas y versos (repetir versos, inventar versos, adivinanzas).
  • Sonido inicial vocálico: reconocer sonido inicial. Por ejemplo, pintar los dibujos de las palabras que empiezan con A.
  •  Reconocer qué sonido falta en la palabra. (Ejemplo: qué sonido falta en “madarina” y  “apetado”).
  • Unir con una flecha palabras que empiezan con la misma sílaba.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Juego, lenguaje y cognición

Este tipo de juegos se caracterizan por ser rutinas de interacción muy simples compuestas por una secuencia de acciones breve y muy estandarizada.

una vez que el niño ha construido la representación mental de la secuencia de acciones -es decir, el guión del juego- podrá anticipar lo que va a ocurrir. De esta forma, el pequeño comienza a regular algunas partes de la actividad: él mismo inicia el juego dándole el objeto al adulto y comienza a llevar a cabo algunas acciones.  


En el marco de estos formatos lúdicos controlados por un adulto o un niño mayor, los niños pequeños pueden prestar atención a distintos aspectos del lenguaje: los turnos de habla en los que se alterna la conversación, la entonación con la que se realiza una pregunta y las primeras palabras. Es por ello que estos primeros juegos constituyen una situación ideal para la adquisición de la competencia lingüística, discursiva y comunicativa de los pequeños.

A través de la representación de conocimientos y de experiencias de modo dramático -esto es, a través de la realización de una acción o secuencia de acciones intencionales- el niño actualiza un evento que ha vivido.
De este modo, el niño deja en suspenso a la situación del “mundo real” que está viviendo y establece una realidad alternativa posible, en la construcción de un “como si”. El “hacer como si” temprano está basado en la actividad con objetos que, usualmente, involucra “guiones” o representaciones de conocimiento muy familiares.
En las situaciones de juego, los niños ponen de manifiesto las diferencias en los conocimientos y en las formas de hablar que han aprendido en su medio familiar.
en el contexto de las actividades cotidianas han aprendido a emplear de modo activo vocabulario clave para acciones, tales como trabajar y escribir, que están relacionadas con las metas que su comunidad plantea para el desarrollo. En el “contexto cognitivo” que proporcionan los guiones de situaciones familiares, los niños pueden emplear tempranamente un vocabulario preciso y formas lingüísticas complejas.
Los guiones, es decir, las representaciones mentales de eventos, son la base para estos juegos porque es el evento -la secuencia de acción de barrer la basura o de montar y galopar- el que define el rol que está jugando el objeto.
  • Mediante el lenguaje los niños definen los roles de los participantes del juego - Lucía: Yo era la mamá del bebé- y transforman un objeto en otro para llevar a cabo las acciones involucradas en la situación que están representando. De este modo, no es necesario contar con juguetes réplica de los objetos requeridos en esa situación. En la situación presentada, Lucía transformó el balde en una cacerola; los bloques, en papa y batata y su cama, en una cocina.
  • En la trama del juego se recupera tanto la secuencia temporal como las relaciones causales incluidas en el guión -Ya puse el agua, ahora pongo la papa y la batata en la cacerola y prendo el fuego. Después vamos a comer- y también el plano de los sentimientos, -me voy a enojar- y de las sensaciones -tengo hambre-. Es el guión que Lucía ha construido el que guía la representación. El juego se despliega en tanto la niña recurre a un uso imaginativo del lenguaje.
  • Durante el juego los niños ponen de manifiesto su conocimiento de la trama del cuento, de la secuencia temporal de los eventos: primero se derriba una casa y luego la otra. Asimismo, pueden dar cuenta de las características emocionales de los personajes -el lobo es malo- y de las propiedades de los objetos que son condición de posibilidad para los eventos que se desarrollan en el cuento -la casa de maderitas se puede derribar; en cambio, la de ladrillos, no-. Joaquín, de 4 años, se mueve más fácilmente que su hermana mayor entre “el mundo de la historia” y “el mundo real”, variando las características internas de los personajes -el lobo es malo en el cuento, pero en una interrupción momentánea para arreglar el escenario puede ser bueno- y asumiendo distintos roles, el de lobo y el de chanchito.