sábado, 28 de septiembre de 2013

Promoción del desarrollo LINGÜÍSTICO y COGNITIVO infantil

La educación inicial abarca un período de vital importancia para:
    - el desarrollo del lenguaje
    - el desarrollo cognitivo
    - el acceso a la alfabetización
 El desarrollo del lenguaje está estrechamente interrelacionado con el desarrollo cognitivo (Psicología sociocultural, Vigotsky, 1964; Psicolingüística, Nelson, 1996).

Lenguaje y cognición: El lenguaje permite reconocer, nombrar y categorizar las experiencias. Cuando los niños aprenden palabras están realizando distinciones entre conceptos, distinciones que les permitirán luego establecer diversos tipos de relaciones entre los conceptos.
Y cuando aprenden distintas formas de discurso (narraciones, descripciones, explicaciones, argumentaciones) están aprendiendo a organizar y a jerarquizar la información.

La alfabetización en sentido amplio:
- Saber sobre la escritura implica:
comprender que es lenguaje y que, por lo tanto, se diferencia del dibujo.
reconocer las acciones de lectura y escritura.
descubrir en estas acciones las funciones que cumple como instrumento de comunicación.
identificar los propósitos por los cuales se lee y escribe.

- El sistema de escritura
Para dominarlo es necesario:
Descubrir qué unidades del lenguaje –sonidos, sílabas o palabras- representan las letras.
Reconocer la orientación de la escritura.
Comenzar a identificar las letras, a trazarlas y a distinguirlas.
Tomar conciencia de que las palabras están formadas por sonidos, esto es, desarrollar conciencia fonológica.
Inferir las relaciones entre los sonidos y las letras.

Podemos definir los mecanismos de influencia educativa como aquellos procedimientos mediante los cuales los docentes consiguen promover y facilitar en los niños el proceso de construcción de significados y la atribución de sentido en el transcurso de las actividades escolares de enseñanza y aprendizaje, sin olvidar analizar el contexto social en el que el niño está inserto.

La participación guiada implica al niño y a sus cuidadores en dos tipos de procesos de colaboración: la construcción de puentes desde el nivel de comprensión y habilidades que el niño posee en un momento dado para alcanzar otros
nuevos.

Las primeras formas de conocimiento son representaciones mentales de eventos rutinarios construidos por el niño en experiencias directas junto a otros miembros de su comunidad (principalmente en los dos primeros años). Luego el niño desarrolla representaciones miméticas a partir de representar de forma intencional, por ejemplo, en el juego, un evento o una relación a través de una acción (principalmente entre los 2y los 4 años). En estas primeras fases del desarrollo, las palabras son parte de la representación en el mismo nivel que las acciones y objetos. Recién entre los 3 y los 4 años el lenguaje emerge como un mecanismo discursivo para integrar modelos de mundo. A partir de este momento, la mente del niño se mueve más allá de la experiencia directa hacia otros mundos posibles codificados verbalmente en formato
narrativo.
fuente: LOS MECANISMOS DE INFLUENCIA EDUCATIVA EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA ESCOLARIDAD. CONTEXTOS DE APRENDIZAJE Y “CONTEXTOS COGNITIVOS” Lic. Celia Renata Rosemberg (CONICET-UBA)

¿Qué significa que el lenguaje es un instrumento del pensamiento, de la cognición?
El lenguaje permite reconocer, nombrar y categorizar las experiencias. Cuando los niños aprenden palabras están realizando distinciones entre conceptos, distinciones que les permitirán luego establecer diversos tipos de relaciones entre los conceptos. Y cuando aprenden distintas formas de discurso (narraciones, descripciones, explicaciones, argumentaciones) están aprendiendo a organizar y a jerarquizar la información.


alfabetización como un conjunto de habilidades lingüísticas y cognitivas necesarias para el ingreso de las personas al mundo de los conocimientos que la humanidad
ha producido a lo largo de la historia, y que han sido conservados mediante la escritura. Entre estas habilidades y conocimientos se encuentran las operaciones cognitivas que nos permiten comprender y producir textos orales y escritos y aprender a partir de ellos.

Cuando los niños tienen la oportunidad de participar con padres, hermanos y otros familiares de situaciones de interacción en las que se lee y escribe, estos conocimientos y habilidades comienzan a desarrollarse muy tempranamente en la infancia. Pero no todos los hogares pueden proporcionar a los niños estas oportunidades. Las diferencias en las situaciones de alfabetización familiar dan lugar a diferencias en los conocimientos y las habilidades que los niños poseen en el momento del ingreso a la escuela. Y esas diferencias, si la escuela no proporciona oportunidades pedagógicas oportunas y apropiadas, se profundizarán a lo largo de la escolaridad.

Para poder inferir y aprender las correspondencias entre los grafemas y los fonemas los niños deben desarrollar “conciencia fonológica”. La conciencia fonológica es un conjunto de habilidades que nos permiten comprender que las palabras están formadas por sonidos y que las letras representan precisamente esos sonidos del habla.


Los conocimientos sobre la escritura como forma de lenguaje se adquieren a través de la participación en situaciones reales de lectura y escritura y de los señalamientos que los adultos realizan –ahí dice..., vamos a escribir una nota para que la familia sepa...– sobre su significado y función.



En efecto, cuando los niños tienen que aprender a leer y a escribir en un sistema alfabético tienen que reconocer la relación entre los grafismos (los grafemas
o letras) y las unidades del lenguaje que representan, los sonidos (o fonemas).



Para poder inferir y aprender las correspondencias entre los grafemas y los fonemas los niños deben desarrollar “conciencia fonológica”. La conciencia fonológica es un conjunto de habilidades que nos permiten comprender que las palabras están formadas por sonidos y que las letras representan precisamente esos sonidos del habla.
En efecto, cuando los niños tienen que aprender a leer y a escribir en un sistema alfabético tienen que reconocer la relación entre los grafismos (los grafemas o letras) y las unidades del lenguaje que representan, los sonidos (o fonemas).
Además de reconocer la relación entre los grafemas y los fonemas los niños, para aprender a leer y a escribir, necesitan conocer:
  • La orientación o dirección de la escritura. En nuestro sistema las grafías se leen y escriben de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo.
  • La forma de las letras (y aprender a trazarlas).
  • Que no existe relación entre el símbolo –la palabra escrita, por ejemplo la palabra “mesa”– y el referente –el objeto, por ejemplo la mesa particular que está en el comedor de mi casa– porque la palabra escrita no representa características del referente –de la mesa– sino que representa, a través de las letras, la estructura sonora de la palabra hablada.
El dominio del sistema de escritura involucra habilidades de conciencia fonológica, conocimientos sobre las correspondencias entre las letras y los sonidos del habla, direccionalidad de la escritura, identificación y diferenciación de las letras y habilidades de trazado.

En ellas los niños escriben su nombre o palabras frecuentes porque han memorizado el trazo de las letras que componen esas palabras y el orden en que se aparecen. Dado que las letras mayúsculas presentan mayor grado de discontinuidad y son fácilmente identificables, muchos niños luego de escribir con “montañitas”, comienzan a escribir con algunas letras mayúsculas.
En general, al principio los niños copian su nombre u otras palabras y luego memorizan la secuencia de trazos. Así, por ejemplo, en los jardines de infantes podemos observar que muchos niños, aunque no conozcan las correspondencias letras-sonido saben cuando su nombre está bien o mal escrito porque recuerdan la sucesión de letras. Posteriormente, empiezan a atender a las letras y recurren, como referencia, a palabras escritas cuya letra inicial conocen, para escribir otras palabras. Los niños empiezan de este modo a emplear una estrategia analítica. Así, por ejemplo, preguntan; “¿La de Coca?” “¿La de mi nombre?”. Estas preguntas ponen de manifiesto que los niños han comenzado a operar con una estrategia analítica.